martes, 10 de agosto de 2010

La cinta blanca


El paisaje en blanco y negro.

(Película “La cinta blanca”)

La línea del horizonte, un hombre a caballo, una delgada línea sobre el final del recorrido. El fin del comienzo para desmontar las miserias de un pequeño pueblo de la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial. El frío no solo es algo del paisaje. El blanco que se extiende sobre laderas, campos, casa y caminos parece cubrir sensaciones que invaden las conciencias. Una cinta blanca como sello.

Las miradas parecen hablar mas que las palabras, los hechos más que las miradas, las palabras menos que la violencia que tortura los cuerpos de cada uno de los involucrados -directa o indirectamente- en la cotidiana y tranquila campiña perdida en algún lugar de una Alemania sobria, mesurada, luterana.

Blanco sobre negro. Más negro sobre blanco, en el cruce de varias historias que son una, la del pueblo alrededor del señor feudal, del barón que marca los tiempos de vida y muerte, de vejez y niñez, siembra y cosecha. Casi sin claroscuros, casi sin matices por la voracidad de los sentimientos de culpa, de dolor, de venganza, de pecado mal escrito.

Negro sobre blanco, el guión y la fotografía de La cinta blanca, invade rápidamente la atención del espectador que intuye que no será una historia fácil de digerir, de descifrar. Insta a “mirarla” en los albores del principio de un siglo XX que fue largo, penoso, sorprendente, ingenuo, lleno de rebeliones de colores. Pero, de golpe, el director pone sobre el principio del fin al espectador para mirar como los dolores del sinsentido se instalaron en este pequeño lugar, desolado lugar, blanquísimo en su invierno lento.

Blanco sobre negro, parece ser una invitación a pensar que cosas genera la culpa desde el gran edificio de la cristiandad. Para eso la estética del relato -en imágenes y diálogos- produce estas sensaciones de agobio en esos vestidos largos, austeros que llevan niñas y mujeres, en lo parco de las miradas, en la miseria de muebles y paredes, en lo que no muestran los instrumentos de castigo, en la luz tenue de las ventanas.

Castigos, culpas, perversión, hipocresía, venganza. Negro sobre blanco sobre el final, cuando se asoma el principio de los horrores de las guerras, de los genocidios.

1 comentario:

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